Lo que dice la ciencia para adelgazar de forma fácil y saludable

5 dic. 2016

¿Existe la sensibilidad al gluten? Recopilación de ensayos y resultados

Me lo hayan preguntado en bastantes ocasiones: ¿No tienes ningún post sobre el gluten? Pues no, la verdad. Excepto una crítica a un alarmista libro sobre el trigo, es un tema que estaba pendiente. Todo el mundo habla del gluten y un servidor está a otras cosas... imperdonable, ¿no creen?

Así que vamos a por el primero.

En primer lugar quiero dejar claro voy a hablar únicamente de la llamada "sensibilidad al gluten no celíaca", pero no de la celiaquía (que es la intolerancia a las proteínas del gluten, sobre la que pueden leer en esta entrada de la Wikipedia). Como la mayoría ya sabe, no son lo mismo, porque mientras que para la primera todavía no existe un método de diagnóstico formal ni mecanismos identificados y comprobados para explicar sus causas, la segunda está reconocida y caracterizada.

Por otro lado, como indico en el título del post, me voy a centrar en una perspectiva muy concreta: los ensayos más rigurosos (aleatorios, con grupo de control y doble ciego), sobre los supuestos síntomas negativos que puede provocar el gluten en personas no celíacas, ya que son una buena forma de saber hasta qué punto existe dicha sensibilidad al gluten.

Antes de empezar, quiero puntualizar que todos los ensayos que he encontrado eligen a los sujetos de un colectivo de personas que han sido diagnosticadas con síndrome del intestino irritable (normalmente según el Consenso de Roma III), ya que aunque el diagnóstico oficial para la sensibilidad al gluten todavía no existe, se parte de que los síntomas en ambas patologías son iguales o muy parecidos (aunque en el caso de la sensibilidad al gluten habría que añadir precisamente eso: la respuesta al gluten).

Veamos entonces cada uno de los ensayos ordenados cronológicamente y sus resultados.

1."Gluten causes gastrointestinal symptoms in subjects without celiac disease: a double-blind randomized placebo-controlled trial" (2011)

El primer ensayo riguroso sobre el tema es relativamente reciente, de 2011. A los 34 sujetos seleccionados se les dividió aleatoriamente en dos grupos (intervención y control). A ambos se añadió a su dieta pan y muffins durante las seis semanas siguientes, en el caso del grupo de intervención fabricados con gluten y en el de control sin gluten.

Como indicador final (end point) se estableció que al menos la mitad de los síntomas estuviesen bajo control.  Por otro lado, se midieron los síntomas (dolor, hinchazón, consistencia de las heces, cansancio, flatulencias y  nauseas), que fueron reportados por los propios pacientes, en base a una escala visual de 0 a 100 (siendo 0 la ausencia de síntomas).

Pues bien, tras el ensayo, el 68% de los que comieron el pan y los muffins con gluten dijeron que no tenía los síntomas bajo control. Pero también un 40% de los que los comían sin gluten afirmó lo mismo,

Estos fueron los resultados de la gravedad media de los síntomas reportados por cada uno de los grupos:

 Y estas fueron las conclusiones resumidas de los autores:

el gluten es un desencadenante de síntomas intestinales y de cansancio. No hay evidencia de inflamación o daño intestinal ni de enfermedad celíaca latente como mecanismos que puedan explicar el empeoramiento de los síntomas causado por el gluten".

2. No effects of gluten in patients with self-reported non-celiac gluten sensitivity after dietary reduction of fermentable, poorly absorbed, short-chain carbohydrates" (2013). 

Los autores que hicieron el ensayo anterior parece que no se quedaron totalmente satisfechos, así que se lanzaron a hacer otro, aún más riguroso y sistemático. En este caso lo hicieron con 37 sujetos, quienes como paso previo siguieron una dieta baja en FODMAP (oligosacáridos, disacáridos, monosacáridos y polioles fermentables, compuestos que se sabe que afectan negativamente a las personas que sufren síndrome del intestino irritable), para eliminar el posible efecto de éstos. Posteriormente se definieron tres grupos de intervención. Al primero se le incorporó una buena cantidad de gluten  (16 gr diarios), al segundo un poco de gluten (2 gr diarios) y otra proteína (14 gr de whey), y al tercero solo se le dio proteína de whey (16gr). A los 37 pacientes se les dividió aleatoriamente en tres grupos y se le hizo pasar por las tres dietas (diseño cruzado y doble ciego).

Un tiempo después, para comprobar si los resultados se repetían, se volvió a invitar a los participantes a participar en una segunda fase. También en este caso cada uno de ellos pasó por las tres opciones, pero en lugar de durante una semana, durante tres días.

Respecto a los resultados, tras la primera fase los síntomas fueron empeorando en los tres grupos, independientemente del grupo que fuera, y sin que se identificaran diferencias significativas entre los 3 grupos, como se puede observar en los gráficos incluidos:




Al hacer la segunda fase (la de los 3 días), los resultados tampoco fueron nada aclaradores: no se repitieron los resultados de la primera fase ya que los pacientes que reportaron empeoramiento con el gluten fueron diferentes.

Como resumen, los autores concluyeron lo siguiente:

"(...) Estos estudios cruzados consecutivos, doble ciego, aleatorizado y controlados por placebo no mostraron evidencia de efectos del gluten, específicos o dependientes de la dosis, en pacientes con que seguían una dieta baja en FODMAP (...)".

3. Small Amounts of Gluten in Subjects with Suspected Nonceliac Gluten Sensitivity: a Randomized, Double-Blind, Placebo-Controlled, Cross-Over Trial. (2015) 

En este ensayo se involucró inicialmente a 61 personas como sensibles al gluten. Se les pidió que siguieran una dieta sin gluten y posteriormente se les dividió en dos grupos, el de intervención y el placebo. A los del primero se les dio algo más de 4 gramos diarios de gluten diarios (menos que en otros ensayos) y al de control la misma cantidad de almidón de arroz, ambos en cápsulas no identificadas, durante una semana. Después se les dejó descansar otra semana y los grupos se cruzaron, es decir, se intercambiaron las pastillas, y los que anteriormente recibieron gluten en esta semana recibieron almidón, y viceversa. Todo ello en doble ciego, claro.

Al medir los resultados reportados para 28 síntomas, los autores comprobaron que solo en seis de los síntomas había diferencias entre el grupo con gluten y el de placebo, que aparecían con algo más de intensidad en el caso el gluten, como puede verse en los gráficos :


Según los propios autores, tras analizar los datos de las intervenciones cruzadas y las diferencias entre los síntomas con gluten y placebo, solo  tres sujetos cumplían los requisitos que se habían establecido para ser considerados como sensibles al gluten:



Estas fueron sus conclusiones resumidas:

"La mayoría de los pacientes mostraron síntomas similares bajo gluten o placebo, aunque los síntomas fueron peores con gluten en comparación con placebo. En cuanto a la identificación de los verdaderos pacientes sensibles al gluten, se debe interpretar con cautela a falta de un grupo control de sujetos no sensibles al gluten, y no representa una evidencia crucial en favor de la existencia de este nuevo síndrome"


4. Non-Celiac Gluten Sensitivity Has Narrowed the Spectrum of Irritable Bowel Syndrome: A Double-Blind Randomized Placebo-Controlled Trial (2015)

Tras varias fases previas de selección, finalmente se incluyó a 72 pacientes, que se dividieron en dos grupos y durante seis semanas se les administró un suplemento en forma de polvo rico en gluten o uno similar pero sin gluten (placebo).

Tras ese tiempo, en el grupo sin gluten el 83,8%  tenía controlados los síntomas; en cambio solo el 25,7% de los pacientes del grupo de placebo llegó al final en esa favorable situación.

Los autores resumieron así sus conclusiones:

"(...) muchos pacientes diagnosticados con síndrome del intestino irritable son claramente sensibles al gluten, y sus síntomas podrían ser adecuadamente controlados únicamente con una dieta sin gluten. La identificación de la sensibilidad al gluten en este grupo de pacientes debería ser el primer enfoque."

5. Symptomatic improvement with gluten restriction in irritable bowel syndrome: a prospective, randomized, double blinded placebo controlled trial (2016)

En este ensayo se seleccionó a 65 pacientes, que se dividieron aleatoriamente en dos grupos. A todos se les dio para que añadieran a su dieta dos rebanadas de pan diarias durante cuatro semanas, a los del grupo 1 con gluten (una cantidad menor que en otros estudios) y a los del grupo 2 sin gluten. 60 finalizaron el ensayo.

En el grupo con gluten los síntomas empeoraron en un 55% de los casos. En el grupo placebo también se registró un empeoramiento, aunque en este caso en un 33% de los casos.

En el siguiente gráfico se muestra la evaluación de la gravedad de estos síntomas a lo largo del ensayo por parte de ambos grupos:



Respecto a síntomas concretos, estos fueron los resultados:


Los autores concluyeron lo siguiente:

"En pacientes con síndrome del intestino irritable, el gluten desencadena síntomas intestinales y sistémicos, y la exacerbación de los síntomas ocurre principalmente en la primera semana de reintroducción del gluten".

6. Evidence for the Presence of Non-Celiac Gluten Sensitivity in Patients with Functional Gastrointestinal Symptoms: Results from a Multicenter Randomized Double-Blind Placebo-Controlled Gluten Challenge (2016)

Tras elegir a 98 aticipantes, se les dividió en dos grupos. A ambos se les administraron 7 cápsulas diarias que contenían un total de 5,6 gr diarios de gluten en el grupo de intervención o la misma cantidad de almidón en el grupo de placebo, durante una semana. Dado que era un estudio cruzado, posteriormente se intercambiaron las píldoras de los pacientes durante otra semana.

Al finalizar el ensayo, se encontró que 28 personas que tomaron gluten reportaron haber empeorado sus síntomas. Y también otras 14 del grupo de placebo lo hicieron. Viendo estos datos, los autores concluyeron que sería razonable pensar que la mitad de esas 28 personas podrían ser consideradas como sensibles al gluten. En base a estos datos, consideraron que la prevalencia de la sensibilidad a gluten podría ser de aproximadamente el 14% de los pacientes iniciales con síntomas gastrointestinales diversos.

Sus conclusiones fueron las siguientes:

"Nuestro protocolo identificó un grupo más pequeño de pacientes sensibles al gluten entre un grupo de pacientes que responde a una dieta libre de gluten, por lo que este enfoque puede ser un punto de partida para el desarrollo de una herramienta de diagnóstico para la sensibilidad al gluten no celíaca".

Conclusiones globales

Pues bien, esta ha sido una recopilación de los ensayos más controlados que hay hasta la fecha sobre el tema de los síntomas que sufre la gente con sensibilidad al gluten. Menudo pastel, ¿verdad? ¿Quizás ahora entienden un poco mejor por qué todavía no había escrito nada sobre el tema? Como pueden ver, no es nada fácil sacar conclusiones claras.

Pero como imagino que alguno querrá que me moje, en mi opinión (personal y seguramente sesgada) tras leer detenidamente todos los estudios, yo sacaría varias conclusiones.

La primera, que parece haber indicios de algún efecto del gluten en algunas personas consideradas no celíacas. Aunque la cosa no está demasiado clara y probablemente su prevalencia sea menos frecuente y de menor relevancia de lo que algunos suelen contar.

La segunda, que se exagera mucho. Los ensayos más rigurosos son los que llegan a los resultados más ajustados (o incluso nulos) e invitan a no ser alarmistas, ni mucho menos. El hecho de que en los grupos con placebo siempre se reporte un elevado empeoramiento de los síntomas hace pensar en un importante efecto nocebo (que es como el placebo, pero en negativo: te sientes peor porque piensas que te han dado algo malo).

Y la tercera: Tal vez haya otros componentes que estén distorsionando los datos y resultados de los ensayos menos controlados (como otras proteínas o los mencionados FODMAP, por ejemplo).

Pero si prefieren leer opiniones más fundamentadas, de expertos e investigadores sobre el tema, hay también unas cuantas revisiones que pueden resultar interesantes. Aunque les adelanto que hay bastante disparidad de opiniones.

Por ejemplo pueden recurrir a las revisiones de uno de los científicos más veteranos y habituales sobre la sensibilidad al gluten (y vehemente defensor de la existencia de esta patología), Alessio Fasano:
O pueden inclinarse por una revisión algo menos entusiasta, encabezada por la gastroenteróloga Jessica R Biesiekierski, una de las científicas involucrada en los dos primeros ensayos:
También hay un documento muy reciente con el posicionamiento de los gastroenterólogos italianos:
Si no se defienden bien con el inglés, también hay una revisión crítica española y de libre acceso sobre el tema de hace un par de años:
O si prefieren algo más específico, en esta otra explican los solapamientos y puntos en común entre el síndrome del intestino irritable y la sensibilidad al gluten no celíaca:
Y en esta otra, otro equipo español hace una revisión sistemática mucho más técnica sobre el diagnóstico de esta patología, centrándose en los biomarcadores.
Ya me contarán a qué conclusiones llegan ustedes...

23 nov. 2016

Sustitutos vegetales de la leche, características nutricionales principales

Permítanme avisarles de la publicación de un estudio sobre bebidas vegetales o sustitutos vegetales de la leche - también (mal) llamadas leches vegetales - en el que se recopilan las características principales de una amplia lista de productos comerciales de este tipo: almendra, arroz, coco, avellana, avena, soja...

El trabajo se titula "Evaluation of Physicochemical and Glycaemic Properties of Commercial Plant-Based Milk Substitutes" (2016) e incluye unas interesantes tablas con gran cantidad de información. He unido, traducido y resumido un par de ellas con la información nutricional fundamental, que pueden ver a continuación:

14 nov. 2016

¿Afectan los edulcorantes a las hormonas?



Desde casi su creación, los edulcorantes han dado mucho que hablar y han sido sido objeto de críticas y comentarios, algunos debidamente justificados y otros mucho menos racionales, más cercanos al alarmismo y con frecuencia con intereses espurios detrás. Olvidando las posturas más extremas, tampoco es extraño que despierten interés entre consumidores y científicos, dado que tanto su diversidad como su consumo crecen de forma sostenida, a la par que la obesidad. Y la responsabilidad del exceso de azúcar en el sobrepeso cada vez genera menos dudas, así que la posibilidad de sustituirla es comprensiblemente atractiva.

Como contaba en post anteriores, los resultados de estudios epidemiológicos y de ensayos de intervención respecto a la relación de los edulcorantes con el peso corporal es bastante confusa, ya que mientras algunos estudios muestran que pueden tener cierta utilidad a corto-medio plazo, otros indican que no parecen que a largo plazo sean una herramienta significativamente útil. Además, hay todavía bastantes cosas que aclarar sobre sus posibles efectos fisiológicos y neuroendocrinológicos, más allá del mero ahorro energético que supone su ingesta respecto a las opciones endulzantes más calóricas.

Centrándonos en el tema de las hormonas, ya que éstas juegan un papel muy relevante en la gestión de la energía y en la regulación del apetito, es lógico pensar que también conviene estudiar si la ingesta de edulcorantes puede dar lugar a una respuesta de la mismas diferente o alterada, provocando cierto tipo de "desajuste" en el sistema y dando lugar a efectos poco deseables. Lo cierto es que hasta la fecha la investigación en este sentido era más bien escasa, pero durante los últimos meses se han publicado un par de revisiones que han analizado esta perspectiva, considerando tanto los resultados de estudios observacionales como los de los ensayos de intervención. Son las siguientes:

3 nov. 2016

¿Funciona la liposucción?

Es probable que muchas personas que tienen sobrepeso, especialmente aquellas a las que se les acumula la grasa de forma muy desproporcionada en algunas zonas, hayan pensado alguna vez en la posibilidad de hacerse una liposucción. Aunque el hecho de someterse a una intervención siempre da bastante respeto, la posibilidad de librarse de esa molesta y antiestética grasa es tentadora. Además, en ocasiones hemos escuchado que el exceso de grasa modifica el metabolismo, provocando un desequilibrio hormonal y generando una especie de círculo vicioso, que hace que esta situación empeore progresivamente. Así que ¿por qué no eliminar ese exceso mediante una operación rápida y relativamente sencilla? ¿No sería como una segunda oportunidad, que nos permitiría dejar nuestro cuerpo con un porcentaje de grasa más razonable y así podríamos luchar por mantenerlo (que siempre es bastante menos costoso que  mejorarlo radicalmente)?

Bien, antes de tomar decisiones de este tipo hay que escuchar lo que nos digan nuestro médico de familia y el especialista. Y también lo que dicen los estudios sobre la utilidad de la extracción y eliminación de grasa, especialmente desde la perspectiva del largo plazo y la relación con la salud. Así que vamos a ello.

28 oct. 2016

Más ideas para que nuestros hijos coman mejor

Como continuación al post anterior, en el que se daban unas directrices generales sobre lo que podemos hacer para que nuestros hijos coman alimentos saludables, voy a responder a unas cuantas cuestiones que pueden haber surgido tras su lectura, con el propósito de que puedan servir de inspiración para nuevas ideas y trucos orientados a conseguir una mejor alimentación infantil. Acompañadas de sus correspondientes estudios, como siempre.

Vamos allá:

24 oct. 2016

¿Qué podemos hacer para que nuestros hijos coman alimentos saludables?


Uno de los datos más preocupantes cuando se analizan las estadísticas sobre obesidad en el mundo es su crecimiento, también imparable, entre los niños. Desafortunadamente, los obstáculos para combatir esta tendencia son numerosos y difíciles de superar. Y los resultados de las estrategias seguidas al respecto son muy poco halagüeños. Lo cierto es que no hay intervenciones significativamente exitosas en la prevención de la obesidad infantil a largo plazo ni estrategias que se hayan demostrado especialmente eficaces. Las revisiones son bastante desesperanzadoras, con resultados de poca relevancia o incluso nulos:

17 oct. 2016

¿Se puede reducir el índice glucémico de los alimentos?

Uno de los enfoques que va ganando protagonismo a la hora de explicar el origen del sobrepeso es el exceso crónico de alimentos de elevada respuesta glucémica. Aunque la obesidad es un fenómeno complejo que depende de muchas variables, es probable que el comer durante muchos años una gran cantidad de alimentos muy ricos en carbohidratos de rápida absorción, dando lugar a un "desajuste" del metabolismo y del control de la energía, sea una de ellas. Esta situación podría favorecer la resistencia a la insulina (falta de sensibilidad a esta hormona, que se encarga de gestionar la glucosa) y el hiperinsulinismo (exceso crónico de la misma); en la revisión "Hyperinsulinemia: A unifying theory of chronic disease?" (2015)  pueden encontrar explicaciones y planteamientos detallados respecto a los problemas que se pueden generar en esas circunstancias.

Como la mayoría de ustedes ya saben, la forma más habitual de medir la respuesta glucémica es mediante el índice glucémico (IG) o la carga glucémica (CG); ambos nos informan de la variación de la concentración de glucosa e sangre durante un periodo de tiempo posterior a la ingesta del alimento.  En principio, los alimentos muy ricos en glucosa o almidón, que utilizan como materia prima cereales refinados (sin componentes poco digestibles como la fibra) son de elevada respuesta glucémica, por razones evidentes: mucha glucosa y rápida absorción. Pero también hay otros alimentos con IG bajo o moderado pero con una respuesta insulinemica elevada, como la leche, la carne o algunas frutas, como se concluye en "An insulin index of foods: the insulin demand generated by 1000-kJ portions of common foods" (1997).

13 oct. 2016

Cerveza, estudios, salud... y preguntas a Manuel Castillo

No sé si estarán enterados, pero estos días ha habido bastante movimiento en torno a los estudios científicos relacionados con la cerveza y la salud. La razón ha sido la publicación por parte del periodista Antonio Martinez Ron de un artículo titulado "La gran mentira de la cerveza saludable" (que les recomiendo encarecidamente leer). En dicho artículo se ponen sobre la mesa situaciones relacionadas con el posible conflicto de intereses de los científicos que publican estudios con resultados favorables para la cerveza. Debo añadir que durante su investigación Antonio me consultó sobre el tema, en concreto sobre un ensayo relacionado con la hidratación de la cerveza y yo le di mi opinión, que trasladó literalmente a su artículo con las siguientes frases:

"Con el diseño del estudio, la conclusión real sería "beber una o dos cañas antes de un litro de agua tras hacer ejercicio no afecta negativamente a la hidratación".

"Los discutibles beneficios que pueda tener en cantidades pequeñas y periodos temporales cortos deberían ser secundarios (...)se quedan solo con una parte de la foto, la que les interesa, pero no nos cuentan que esa foto tan bonita forma parte de un paisaje bastante feo"

Pues bien, parece que al científico responsable del estudio que vertebra el artículo, Manuel Castillo, no le ha gustado demasiado su enfoque, así que ha decidido exponer su propio punto de vista sobre el tema, tanto en los comentarios del post como en su propia web. Algo que siempre es de agradecer, ya que los científicos no suelen utilizar este tipo de mecanismos de comunicación para dar a conocer sus opiniones. Les invito a leer ambos textos, el de Antonio y el de Manuel Castillo, ya que siempre es importante conocer todas las perspectivas sobre un tema.

Yo lo he hecho y tras su lectura he decidido hacerle unas cuantas preguntas al investigador, así que allá van:

11 oct. 2016

La financiación de la ciencia y la salud por parte de la industria alimentaria

En "La Guerra Contra el Sobrepeso" dedico un capítulo completo a explicar cómo la industria alimentaria está presente en todos los centros de decisión y es muy activa promoviendo la desinformación, especialmente aquella que nos impide saber con rigor y precisión qué alimentos son más y menos saludables. Su objetivo es poder seguir vendiendo sus productos menos recomendables y hay que reconocer que su labor es intensa y efectiva. Dejando a un lado conspiraciones y mitos, en el libro aporto pruebas y datos concretos, así como ejemplos reales y recientes, que cualquiera puede contrastar de forma sencilla.

Hasta hace poco toda esta información no era demasiado conocida pero, afortunadamente, parece que los periodistas e investigadores se están dando cuenta de que en estos temas hay varios filones por descubrir. Filones bastante gordos. Y poco a poco están empezando a ser destapados.

10 oct. 2016

Relación entre el consumo de huevos y diversas enfermedades, últimos metaanálisis

En este blog he publicado varios posts mostrando que no hay evidencias de peso para restringir exageradamente la ingesta de huevos, como se ha venido haciendo durante muchos años, especialmente entre personas con riesgo cardiovascular. De hecho, el post más visitado del blog es precisamente sobre este tema. Afortunadamente, parece que el miedo a los huevos se va diluyendo, hasta el punto que en un reciente programa del cocinero Alberto Chicote se ha hecho un pequeño experimento para mostrar que no afectan negativamente al colesterol.

De cualquier forma, conviene seguir informado, así que les voy a enumerar las últimas revisiones sistemáticas sobre este alimento, publicadas todas ellas durante este año.

3 oct. 2016

¿Afecta a la salud el horario de las comidas?

A veces parece que no hay ámbito sobre el que no exista algún tipo de mito o creencia alimentaria; y
aunque en este blog hemos ido tocando casi todos, todavía quedan unos cuantos por abordar. Uno de ellos es el relacionado con los horarios, la distribución durante el día de las comidas y sus posibles efectos sobre la salud, así que éste va a ser el tema al que voy a dedicar este post.

Cuando se habla de horarios, hoy en día ya nadie pone en duda la influencia de los ritmos circadianos en el funcionamiento de nuestro nuestro cuerpo. Hemos evolucionado durante millones de años bajo el influjo de diversos ciclos, entre los que sin duda destaca el protagonizado por el sol - el que da lugar al día y la noche - y que ha sido responsable de adaptaciones fisiológicas tan extremas como la existencia del sueño nocturno.  Así que es esperable que una actividad tan relacionada con el metabolismo como es la alimentación también esté influenciada por dichos ciclos.

Sin embargo, la verdad es que la investigación sobre este tema no es demasiado amplia y se ha centrado en aspectos bastante concretos. Por ejemplo, como cuento en El cerebro Obeso, existe una significativa cantidad de evidencia que relaciona las alteraciones del sueño con posibles disfunciones metabólicas y neurológicas. Pero hay otras cuestiones en las que nuestro conocimiento todavía es escaso. Como por ejemplo, la relación entre la ingesta de alimentos y la situación de estos ciclos circadianos - que normalmente suelen estar ajustados a ciertos horarios - y su importancia e influencia en la salud y el sobrepeso. Tenemos la típica planificación dietética diaria tan arraigada (cinco comidas al día, siendo las tres principales desayuno, comida y cena), que probablemente damos por hecho que esa es la mejor forma de comer. O, al menos, la más razonable a la hora de compatibilizarla con el trabajo y el resto de obligaciones personales y familiares. Pero, ¿y con la salud o el sobrepeso? Por otro lado, es probable que la omnipresente influencia de la idea "en el sobrepeso lo único importante es la ingesta calórica total" tampoco habrá animado a muchos investigadores a profundizar estas cuestiones.

Afortunadamente, durante los últimos años se ha despertado el interés entre algunos científicos, lo que ha dado lugar a algunas investigaciones, que han sido utilizadas para "alimentar" unas cuantas revisiones que se han publicado durante los últimos meses. Me refiero a las siguientes:

26 sept. 2016

Cereales integrales, últimos estudios



Las actualizaciones de las recomendaciones dietéticas que se van publicando en diferentes países (incluidas, por supuesto, las omnipresentes Dietary Guidelines norteamericanas) no dejan de hacer referencia a la inclusión de los cereales integrales en un patrón dietético saludable. Sin embargo, si consultan la etiqueta correspondiente de este blog, verán como los últimos post que publiqué sobre el tema hacían referencia a revisiones sistemáticas bastante escépticas respecto a sus supuestas propiedades, que ponían sobre la mesa cuestiones críticas: falta de caracterización, falta de evidencia para reducir el riesgo de enfermedadesfalta de evidencia para perder peso... Pero lo cierto es que estas investigaciones son del año 2013 y tres años en nutrición a veces da mucho de sí. Afortunadamente, desde entonces los científicos han seguido trabajando, así que ha llegado el momento de ponerse al día y conocer sus trabajos más recientes.

26 ago. 2016

Adaptación metabólica, por qué cuesta tanto no volver a engordar

Hace unos meses  hablé de un estudio sobre pérdida de peso (que fue especialmente popular debido a que se centraba en concursantes de un conocido reality show, The Biggest Loser), en el que se analizaba un concepto no demasiado conocido pero que es muy importante en los procesos de pérdida de peso: la "adaptación metabólica". En ese caso comenté sobre todo de dicho estudio y el reality, pero me quedé con las ganas de profundizar en la adaptación metabólica, así que he decidido dedicarle un nuevo post.

Primero, intentaré aclarar el término; se suele llamar así a ciertos cambios metabólicos que ocurren en las personas con sobrepeso tras seguir procesos de adelgazamiento. Cambios que, en general, tienden a ser un problema añadido al complejo fenómeno de la obesidad, ya que en la mayoría de los sujetos suelen acabar en una reducción significativa del gasto energético. Una reducción excesiva, exagerada, mayor de la que sería esperable para la nueva composición corporal.  Y en esa nueva situación de menor gasto energético de "lo normal", es evidente que será especialmente complicado mantener el peso perdido.

4 ago. 2016

Último estudio sobre proteína animal y aumento de la mortalidad: algunos detalles

Hace unos pocos días un estudio sobre la relación entre la ingesta de proteínas y la mortalidad tuvo bastante repercusión y dio lugar a una buena cantidad de titulares llamativos e incluso un poco alarmistas. En muchos de ellos (por ejemplo unodostres) se afirmaba que esta investigación había demostrado que la ingesta de proteína animal aumentaba el riesgo de mortalidad y la proteína vegetal lo reducía.

Todo este pequeño revuelo se ha debido a la publicación de "Association of Animal and Plant Protein Intake With All-Cause and Cause-Specific Mortality" (2016) y su repercusión es relativamente razonable, ya que está firmado por importantes y conocidos investigadores sobre nutrición, como los primeros espadas de Harvard Walter Willett y Frank Hu, así como por el popular experto italiano Valter Longo. Pero creo que, en este caso, todos esos titulares se dejaron en el tintero algunos detalles que hacen especialmente interesante el estudio y que a continuación voy a comentar.

24 jul. 2016

Últimos estudios sobre las grasas dietéticas



Como ya saben los seguidores habituales de este blog, las grasas dietéticas es uno de los temas sobre los que suelo escribir, sobre todo porque creo que todavía tenemos mucho que aprender respecto a su influencia en la salud. Y como hace tiempo que no lo hago, he dedicado un rato a buscar un poco sobre este tema, con objeto de identificar algunas revisiones sistemáticas y estudios relevantes publicados durante los últimos meses, en los que las protagonistas hayan sido las grasas y su relación con la salud.

Como me he topado con unas cuantas cosas interesantes, he decidido hacerles un pequeño resumen: