Lo que dice la ciencia para adelgazar de forma fácil y saludable

19/05/2013

¿Deben tomar los niños leche desnatada?


Hace unos días se publicó en la revista Eroski Consumer un artículo con 10 consejos para prevenir la obesidad infantil, cuya lectura completa recomiendo. Como ya saben los que me siguen habitualmente, no es la primera vez que no coincido totalmente con lo que se dice en los artículos sobre nutrición de esta revista, pero esta vez quería presentarles en este blog la discrepancia, porque me parece especialmente relevante.

Estas son las mencionadas diez directrices que se citan en el artículo para prevenir la obesidad entre la población infantil:
  1. Servir raciones adecuadas para la edad del niño. 
  2. Tener en el hogar una variedad de hortalizas, frutas y cereales integrales 
  3. Escoger leche y productos lácteos bajos en grasa o desnatados.
  4. Limitar el consumo de carnes rojas o de derivados cárnicos.
  5. Promover el consumo de legumbres y frutos secos.
  6. Retirar de la vista del niño las tentaciones ricas en calorías. 
  7. Fomentar la actividad física,
  8. La bebida de elección para calmar la sed debe ser el agua. 
  9. Limitar el consumo de azúcar, bollería y, sobre todo, bebidas azucaradas ("refrescos"). 
  10. Restringir a no más de 2 horas diarias de TV, videojuegos o Internet 
El peligro de este tipo de listas con un número redondo es que a veces se incluyen puntos un poco forzados con el objetivo de llegar a la cantidad en cuestión. No sé si habrá sido el caso, pero, estando en general de acuerdo con estos consejos (me reservo para otra ocasión algún que otro matiz),uno de ellos me plantea serias dudas, ya que me resulta realmente difícil encontrar evidencia científica que lo justifique. Me refiero al tercero, el que priorizar leche y lácteos desnatados entre los niños.

No es esta lista la única fuente que sugiere el consumo de este tipo de lácteos, ni mucho menos. Como comenté en este artículo anterior, en varias de las pirámides alimentarias que representan las propuestas de diversos organismos oficiales  también se incluye esta recomendación de priorizar los lácteos bajos en grasa sobre los enteros. El argumento es el esperable: la reducción de grasas saturadas puede prevenir la obesidad y la posibilidad de enfermedades cardiovasculares. No parece descabellado, ¿verdad?.

Pero, teniendo en cuenta lo que dicen las últimas revisiones sobre las grasas (le recomiendo leer a modo de ejemplo Dietary Fats and Health: Dietary Recommendations in the Context of Scientific Evidence o este post anterior), la cosa no parece tan evidente. Y, centrándonos en la temática que nos ocupa, si usted busca evidencias concretas de los beneficios de la leche desnatada sobre la entera entre la población infantil, le costará encontrarla. Si es que la encuentra, porque yo no he podido.

La comparación directa entre ambos tipos de leche solo la he visto en el estudio publicado hace unas semanas "Longitudinal evaluation of milk type consumed and weight status in preschoolers", en el que se analizó la evolución del peso de 10.000 preescolares que tomaban leche entera o leche desnatada. Aunque es un estudio observacional (en los que no es muy riguroso deducir causalidad), es del tipo longitudinal, es decir, que realiza seguimiento al mismo grupo de individuos durante un tiempo, por lo que permite ver su evolución en función de los cambios en diversos factores. Los investigadores concluyeron que la leche desnatada no se correlacionó con un menor sobrepeso, sino todo lo contrario. Y, además, el hecho de empezar a incluirla en la dieta no sirvió para reducir la incidencia de obesidad o revertirla.

Respecto al supuesto daño que pudieran causar los lácteos enteros, la revisión que me parece más completa sobre estudios observacionales que hayan analizado su relación con la salud y la obesidad se publicó hace tan solo unos meses en European Journal of Nutrition,  "The relationship between high-fat dairy consumption and obesity, cardiovascular, and metabolic disease". Los investigadores no encontraron ni un solo indicio para acusar a los lácteos enteros de ser responsables del sobrepeso, enfermedades cardiovasculares, mala salud metabólica o diabetes. De nuevo las pruebas indicaban todo lo contrario, bastantes beneficios.

Tiene usted razón si está pensando que todos estos son estudios observacionales y que lo ideal sería disponer de estudios de intervención en los que, de forma aleatoria, se hubiera dividido a los sujetos en dos grupos y se les hubiera suministrado leche desnatada o entera, sin cambiar ningún otro factor. Sin embargo, no he podido encontrar un estudio de este tipo, supongo que porque experimentos de esta naturaleza con niños son éticamente discutibles. Lo más parecido que he conseguido es el estudio de 2012 "Skim milk, whey, and casein increase body weight and whey and casein increase the plasma C-peptide concentration in overweight adolescents", en el que un grupo de 200 adolescentes con sobrepeso se dividió en 4 subgrupos de forma aleatoria y a cada uno de ellos se dio a tomar un litro diario de diferentes líquidos: Agua, leche desnatada, y dos tipos de batidos de proteínas (whey y caseína), durante 12 semanas. ¿Y saben qué ocurrió con el grupo de leche desnatada? Que, al igual que los otros dos y comparado con el que tomó agua, sufrió un mayor aumento de peso.

A la espera de que lleguen esos ensayos ideales, hay más trabajos que aportan información relacionada y valiosa. Durante los últimos meses se han publicado dos meta-análisis sobre estudios de intervención, analizando si una mayor ingesta de lácteos puede fomentar el sobrepeso. Aunque no es exactamente lo que buscamos (y además se refieren sobre todo a adultos), tampoco es una información desdeñable, ya que si se concluyese que los lácteos enteros no provocan sobrepeso - como ha ocurrido con los observacionales anteriormente comentados- no tendría demasiado sentido recomendar los desnatados para precisamente evitar ese efecto.

El primero de ellos es de 2012, "Effects of dairy intake on body weight and fat: a meta-analysis of randomized controlled trials" y tras analizar los resultados de 29 estudios diferentes, llegó a esa conclusión : Que el tomar lácteos no se relacionaba con el sobrepeso. Y del segundo, publicado también en 2012, ya hable en esté post anterior, "Effect of dairy consumption on weight and body composition in adults: a systematic review and meta-analysis of randomized controlled clinical trials". En este caso también los investigadores dedujeron que los lácteos (sin diferenciar si eran enteros o desnatados) o no tenían relación con el sobrepeso, o si la tenían, esa relación era inversa, es decir, a más lácteos, menos obesidad.

Por lo tanto, viendo la evidencia científica existente, me parece que es poco riguroso priorizar la leche y lácteos desnatados entre los niños para evitar la obesidad o prevenir enfermedades. No hay pruebas de que esta estrategia aporte ninguna ventaja ni tampoco de que las versiones enteras puedan asociarse a algo negativo. De hecho, las evidencias parecen indicar lo contrario.

Y me van a permitir añadir otra importantísima razón, en mi opinión. Esta recomendación desvía el foco de atención del verdadero problema que está asociado a la ingesta de lácteos entre el colectivo infantil. Me refiero a lo que yo suelo llamar los "lácteos-chuches". Sí, esas cosas que se les da a menudo a los niños en el desayuno o merienda, pensando que por tener la palabra "lácteo" o "leche" en su etiqueta, es aceptable:
  • Leche con gran cantidad de polvos de chocolate u otros (cacao y similares) y azúcar.
  • Leche con cereales infantiles (aquí puede leer más sobre ellos), cuya composición es fundamentalmente azúcar y cereales refinados (almidón), a la que además se le suele añadir todavía más azúcar.
  • "Bebibles" (por llamarlos de alguna forma) o "pseudo-yogures" de sabores, cargados de azúcar y otros componentes innecesarios e indeseables.
En definitiva, personalmente creo que en la lista de 10 consejos se debería hacer más hincapié en la eliminación de todas estas versiones mediocres de los lácteos. Y, por el momento, dejar el tema de la leche desnatada a un lado, al menos hasta que tengamos alguna prueba más sólida de su utilidad.

16/05/2013

Más leña al fuego de la controversia sobre la reducción extrema de sal


Hace unos días publiqué un post comentando los resultados de la última revisión Cochrane sobre el consumo de sal, "Effect of longer term modest salt reduction on blood pressure: Cochrane systematic review and meta-analysis of randomised trials", en la que los autores  encontraron claras evidencias de beneficios a la reducción de este compuesto, y en sus recomendaciones finales sugerían que "cuanto menos, mejor". Recomiendo leerlo antes de seguir avanzando en este post.

Sin embargo, anteriores revisiones promovidas también por la iniciativa Cochrane y realizadas por otros expertos, no llegaron a conclusiones tan tajantes, identificando el posible empeoramiento de algunos indicadores (por ejemplo, los triglicéridos y el colesterol), especialmente si la reducción era acusada. Puede comprobarlo leyendo los trabajos correspondientes (desarrollados por diferentes equipos), ambos de 2011, "Reduced dietary salt for the prevention of cardiovascular disease: a meta-analysis of randomized controlled trials" y "Effects of low sodium diet versus high sodium diet on blood pressure, renin, aldosterone, catecholamines, cholesterol, and triglycerides". Y puede ser testigo de cómo el autor de uno de ellos mantuvo un tenso y enfrentado debate con otro de los de la última revisión, en el apartado de comentarios del British medical Journal, accesible desde este enlace.

14/05/2013

Una conversación en un bar: Cómo se viven las dietas

Me van a permitir saltarme el  aséptico tono habitual que suelo intentar mantener en este blog, normalmente coherente con su objetivo final, que es el de popularizar la ciencia y el escepticismo en el ámbito de las dietas y la nutrición. Pero me apetece contarles la experiencia que viví el otro día, porque refleja bastante bien el mundo real de las personas que sufren sobrepeso.

Me encontraba en un bar-restaurante haciendo un poco de tiempo y tomando algo, esperando a que llegara el momento de una reunión de trabajo que tenía planificada. El establecimiento estaba vacío, así que pude escuchar perfectamente la conversación que mantuvieron (a buen volumen) dos de las personas que allí trabajaban, un hombre y una mujer. Voy a intentar reproducir con el máximo de fidelidad lo que allí escuché:

12/05/2013

¿Es la variedad de la dieta buena o mala para prevenir la obesidad?


¿Una dieta debe ser variada? ¿Cuánto de variada, mucho, lo suficiente, no demasiado...? Aunque no es algo muy conocido, la "variedad" de la alimentación ha pasado por diferentes etapas de valoración, que han modificado sustancialmente las recomendaciones relacionadas con la diversidad de los alimentos que se deberían comer.

Probablemente la tendencia más extendida y aceptada es la más antigua, la que considera la variedad como una cualidad positiva. Es una idea muy arraigada, ya que el sentido común nos empuja a pensar que  ayuda a conseguir una mayor diversidad de nutrientes y también a prevenir una alimentación monótona, aburrida y poco satisfactoria. La frase "comer de todo un poco", uno de los tópicos más populares en nutrición, probablemente provenga de esta época y de esta presunción. Y su popularidad puede que también tenga que ver con lo agradable que resulta aceptarla, ya que comparada con otras recomendaciones nutricionales, normalmente restrictivas y bastante antipáticas, es casi un placer seguirla.

08/05/2013

Dietas bajas en carbohidratos y cáncer: Sin relación significativa

Como hemos visto en posts anteriores, existen unos cuantos estudios analizando las dietas bajas en carbohidratos y el aumento de riesgo en  la mortalidad global o las enfermedades cardiovasculares, pero su relación con el cáncer ha sido mucho menos investigada con herramientas epidemiológicas.

Abriendo brecha en este tema, investigadores suecos han publicado en Nutrition Journal los resultados del estudio observacional "Low-carbohydrate, high-protein diet score and risk of incident cancer; a prospective cohort study", en el que se ha hecho seguimiento a más de 60.000 personas durante más de 17 años, analizando la relación entre la cantidad de carbohidratos y la incidencia de cáncer.

06/05/2013

Un estudio asocia más fuerza muscular a un menor riesgo de mortalidad

Si en algo coinciden todos los estudios epidemiológios relacionados con la actividad física es en asociar la práctica del ejercicio con innumerables beneficios para la salud y la calidad de vida. Aunque los que me siguen hace tiempo conocen mi opinión respecto a la escasa efectividad del ejercicio moderado para la pérdida de peso si no se acompaña de una adecuada estrategia dietética, también estoy convencido de que - junto con dejar de fumar - el aumentar la actividad física es probablemente la decisión más importante que podemos tomar en nuestra vida para prevenir posibles enfermedades y mejorar nuestro bienestar general.

05/05/2013

Segunda revisión de "Lo que dice la ciencia sobre dietas, alimentación y salud" (Ed.1.02)

Tengo el placer de informar a todos lo que han adquirido "Lo que dice la ciencia sobre dietas, alimentación y salud" que acabo de actualizarlo a la edición 1.02. Como ya adelanté y explico en el propio libro, estas actualizaciones son gratuitas y estarán disponibles  de por vida para todos los compradores.

La mayoría de estos nuevos contenidos son artículos adaptados de este blog, aunque también se han añadido nuevas referencias científicas y correcciones diversas.

Si desea recibir esta última revisión del libro  (únicamente en formato digital, epub, kindle y pdf), que tras las actualizaciones alcanza ya las 74.000 palabras, unas 320 páginas, bastará con seguir las instrucciones que hay al final de su versión del mismo, adjuntando copia del justificante de compra e indicando el formato deseado.

Si desea conocer con detalle cuáles son los nuevos contenidos incluidos en cada revisión (1.01 y 1.02), puede consultarlo desde  este enlace.

01/05/2013

Crítica de "La enzima prodigiosa" de Hiromi Shinya: Pseudomedicina y falacias para dar y tomar

Conocí el libro "La enzima prodigiosa" al verlo entre los primeros puestos de la lista de los más vendidos, en la sección de medicina de Amazon. Como era esperable, su éxito (sus editores afirman que ha vendido más de dos millones de copias) y lo llamativo de su título despertaron mi curiosidad de inmediato, aunque el texto de la portada ("la dieta del futuro que evitará  las enfermedades cardiacas, curará el cáncer, detendrá la diabetes tipo 2...") tenía un claro tufillo a terapia-dieta-milagro. De cualquier forma, decidí hacerme con una copia y proceder a echar un vistazo a la propuesta de su autor, Hiromi Shinya.

Y mis peores temores se confirmaron.

Shynia es un médico especialista en cirugía colonoscópica y, si creemos sus palabras (no tengo más evidencias para confirmarlo), tiene un reconocido prestigio en ese área. Algo que se cuida muy mucho de recodárnoslo en repetidas ocasiones a lo largo del libro.

Pues bien, este médico, yendo mucho más allá de su especialidad, afirma que ha descubierto el secreto de la salud casi eterna y ha decidido escribir un libro para compartir con todo el mundo lo qué hay que hacer para no volver a estar enfermo nunca más. Pues sí, eso dice, ni más ni menos.

28/04/2013

Cómo medir una alimentación saludable: "Healthy Eating Index" (HEI)

Tras el post anterior, en el que hice cierta crítica de la definición de "alimentación saludable" de algunos representantes del consenso científico español en el ámbito de nutrición, es momento de conocer alguna otra aproximación a esta cuestión.

El departamento de agricultura norteamericano (USDA) y el de salud (HHS) revisan sus recomendaciones nutricionales cada 5 años, recomendaciones que son consideradas como las oficiales en EEUU. Unas recomendaciones que han sido criticadas por parte de muchos expertos y que a menudo están bajo sospecha por venir de una entidad cuya principal objetivo es defender y representar a los agricultores norteamericanos, la USDA. Supongo que tratando de minimizar estas críticas, hace un tiempo se creó A Center for Nutrition Policy and Promotion - CNPP,  que tiene la misión de "mejorar la nutrición y bienestar de los americanos".

Una de las iniciativas del CNPP es el desarrollo y actualización del llamado Healthy Eating Index (HEI) o Índice de Alimentación Saludable, un indicador diseñado para poder hacer una medición cuantitativa de lo saludable que se supone que es un tipo de alimentación o dieta. Este índice se revisa después de cada actualización de las recomendaciones nutricionales (1995, 2005 y 2010), por lo que ya está por su tercera revisión (1995, 2006 y 2012 respectivamente).

24/04/2013

¿Hay una definición rigurosa, clara y útil de lo que es una alimentación saludable?


Hay que comer bien. O comer de forma equilibrada. O de todo un poco. O llevar una dieta saludable. Todas ellas pueden ser diversas formas de calificar unos hábitos alimenticios recomendables, pero utilizarlas indistintamente puede ser incorrecto y llevar a equívoco. En mi opinión, una alimentación saludable debería ser aquella que nos ayuda a minimizar los riesgos de sufrir enfermedades y otras dolencias, en equilibrio con  una aportación de calidad de vida y bienestar. Por lo tanto, debería basarse en las investigaciones médicas y epidemiológicas más rigurosas y contrastadas disponibles.

Hace unas semanas el Grupo de Revisión, Estudio y Posicionamiento de la Asociación Española de Dietistas-Nutricionistas (GREP-AEDN), lo que podría considerarse un importante consenso científico español sobre nutrición, publicó en su blog el  ultimo documento en el que se presenta su definición de una alimentación saludable, que puede descargarse completo desde este enlace. Una interesante iniciativa que tiene como objetivo, según el propio documento, "mejorar o promocionar la salud pública mediante una propuesta que refleje las evidencias científicas disponibles sobre la relación entre alimentación y salud".

23/04/2013

Otro estudio con suplementos omega-3 sin resultados

Ya he hablado en más de una ocasión de la falta de evidencia científica sobre la utilidad para la salud de los suplementos de ácidos omega-3, en concreto de los últimos meta-análisis, que no encuentran pruebas de peso para recomendarlos.

Pues bien, parece que un nuevo estudio se une al grupo. Investigadores americanos han publicado en Nutrition Journal el estudio "A randomized trial of fish oil omega-3 fatty acids on arterial health, inflammation, and metabolic syndrome in a young healthy population", en el que suministraron a dos grupos (intervención y control, con doble ciego) durante cuatro semanas suplementos de aceite omega-3 o placebo (aceite vegetal). Todos elloseran personas sanas y jóvenes.

Se controlaron diversos indicadores relacionados con el riesgo cardiovascular, inflamación y síndrome metabólico, pero ninguno de ellos evolucionó de forma más favorable en el grupo de intervención que tomó suplementos omega-3.

Así que otro más. Y ya van unos cuantos...

21/04/2013

Un titular sesgado en el boletín del NIH

Este es el titular publicado este fin de semana en una noticia de Medline Plus, un boletín del NIH, el Instituto Nacional de Salud de EEUU:

"La dieta occidental no es una buena forma de envejecer bien. Estudio británico afirma que la comida frita y la carne roja llevan al envejecimiento prematuro"

Posteriormente en el texto de la noticia no se habla de alimentos específicos, solo de la dieta occidental.

Y estas son las conclusiones publicadas por los autores en el estudio original:

19/04/2013

El riesgo absoluto y el riesgo relativo en los estudios de nutrición

Las noticias sobre estudios epidemiológicos están cada día más de moda. No hay semana que no leamos que tal o cual comportamiento aumenta el riesgo de nosequé un X por ciento y en muchas ocasiones estas noticias y comportamientos están relacionados con la nutrición. Lo cierto es que son tantas y tan alarmantes uno podría llegar a la conclusión de que prácticamente todo es malo y que, haga lo que haga, existen gran cantidad de riesgos casi inevitables.

Para evitar esta sensación es necesario hacer una correcta interpretación de todas estas conclusiones y del concepto de "riesgo". Pero no todo el mundo entiende los valores  que suelen aparecer en este tipo de estudios, ni siquiera los periodistas que escriben y los artículos y titulares mencionados, lo cual muchas veces da lugar a información poco rigurosa y a menudo confusa que, más que aclarar ideas, sirve para poco más que para asustar.

Con objeto de intentar aportar mi granito de arena para solucionar esta situación, voy a explicar de forma sencilla y simplificada los dos tipos de riesgo que se utilizan, algo que puede ser de ayuda para entender mejor las conclusiones de estas investigaciones. Espero que los más expertos me perdonen las imprecisiones y generalizaciones que pueda perpetrar, ya que mi objetivo es intentar ser lo más didáctico posible.

16/04/2013

Un año del blog "Lo que dice la ciencia para adelgazar"

No sé si lo saben, pero este blog nació a finales de marzo de 2012 como un sencillo recurso de apoyo al libro "Lo que dice la ciencia para delgazar", con el que compartía nombre. Se me ocurrió que podría servir como herramienta para dar a conocerlo y conseguir presencia en el infinito universo de Google. Sin embargo tengo que reconocer que, afortunadamente, se me ha ido de las manos. Tras un año de  vida,  su misión inicial ha evolucionado considerablemente, hasta llegar a convertirse en un proyecto con personalidad y vida propia, con un alcance mucho mayor.


14/04/2013

Prohibición de refrescos gigantes en Nueva York y decisiones políticas basadas en estudios científicos

Como muchos de ustedes ya sabrán, el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg tenía previsto prohibir la venta de refrescos de gran tamaño en su ciudad (de medio litro y más), una mala costumbre que pretendía erradicar como parte de su plan contra la obesidad. Sin embargo, poco antes de que su iniciativa se pusiera en marcha, un juez la consideró arbitraria y la paró en seco, generando la consiguiente polémica, que se sumó a la que ya se había creado por la decisión del alcalde.

Siempre que se toma una medida coercitiva de este tipo, salen a la luz numerosos grupos de interés (normalmente bastante extremistas) quejándose y clamando por sus derechos o apelando a las libertades individuales. Este caso no fue excepción y el debate generado fue (y sigue siendo) bastante intenso entre los que piensan que la prohibición es la única forma de limitar el sinsentido de vender ese tipo de refrescos y los que opinan que es mejor educar y enseñar a decir no.

Mientras el tema sigue en la nevera hasta que alguien decida dar otro paso en alguna dirección, se acaba de publicar un estudio en PlosOne que aporta una interesante información para la reflexión; "Regulating the Way to Obesity: Unintended Consequences of Limiting Sugary Drink Sizes". Sus autores querían saber si este tipo de medidas son eficaces, para lo que estudiaron el comportamiento de un grupo de cien personas ante diversos menús acompañados de refrescos. Lo hicieron agrupando diferentes combinaciones de ellos de forma que simularan una situación normal (incluyendo refrescos normales , grandes y muy grandes, que es lo que se viene haciendo en Nueva York desde siempre) u otra simulando una situación con prohibición.