Lo que dice la ciencia para adelgazar de forma fácil y saludable

20 feb. 2017

Energía, calorías y obesidad, últimas teorías

Antes de nada, permítanme hacer una breve introducción sobre Kevin Hall, el autor principal del estudio que voy a comentar en este post.

Este investigador del NIH, físico y doctorado en biofísica, acumula ya una buena cantidad de investigaciones y publicaciones, muchas de ellas relacionadas con la obesidad. Uno de los hechos que probablemente más popularidad le han aportado es el haber sido seleccionado para el equipo científico de NuSI, la iniciativa que creó el conocido periodista defensor de las dietas bajas en carbohidratos Gary Taubes para la investigación sobre nutrición (en concreto sobre los principios e hipótesis en torno a estas dietas). A pesar de que Hall siempre ha dejado claro su escepticismo sobre el tema, los responsables de NuSI le asignaron liderar un primer ensayo piloto sobre la posible existencia de la supuesta "ventaja metabólica" de las dietas muy bajas en carbohidratos o cetogénicas.

Divho estudio finalizó el año pasado y se publicó con el título "Energy expenditure and body composition changes after an isocaloric ketogenic diet in overweight and obese men" (2016) . Y como pueden comprobar en las conclusiones del mismo, los resultados no fueron todo lo favorables que esperaban los  defensores de las dietas low-carb, más bien al contrario. Y para dejar bien claras sus conclusiones e ideas, Hall además publicó poco después el artículo "A review of the carbohydrate-insulin model of obesity" (2017), volviendo a criticar la hipótesis que suelen utilizar los low-carbers para explicar la obesidad, el llamado "modelo carbohidratos/insulina", algo que supongo no hizo ninguna gracia a Taubes y compañía.

Como imaginarán, estas publicaciones han generado durante los últimos meses un intenso debate (e incluso enfrentamiento) entre diferentes corrientes pro y anti low-carb, que ahora no voy a entrar a detallar, aunque pueden ver una pequeña muestra en el intercambio de opiniones ocurrido en los comentarios Pubmed Commons entre el propio Hall y el también conocido investigador David Ludwig o en los artículos que escribieron sobre el tema Michael Eades  o Stephan Guyenet.

Bien, les cuento todo esto porque en este post lo que les traigo es una traducción de un nuevo trabajo de Kevin Hall, que se acaba de publicar hace tan solo unos días y he pensado que antes de leerlo convenía ponerles al día. Considerando las circunstancias que les he comentado, entenderán por qué el texto tiene algo de morbo.

Se titula "Obesity Energetics: Body Weight Regulation and the Effects of Diet Composition" (2017) y podríamos decir que es una especie de actualización y revisión general sobre el enfoque energético de la obesidad.

Sin más preámbulos, aquí lo tienen:

"La obesidad se describe a menudo como un desorden del equilibrio energético debido al consumo de calorías más allá de la energía necesaria para mantener la vida y para realizar trabajo físico. Aunque este concepto de balance energético es un marco útil para investigar la obesidad, no proporciona una explicación causal de por qué algunas personas tienen obesidad o qué hacer al respecto.

En particular, la prevención de la obesidad es a menudo erróneamente descrita como una simple cuestión de contabilidad, en la que  la ingesta de calorías debe ser igualada al gasto de calorías. Bajo este modelo de "calorías que entran-calorías que salen", el tratamiento de la obesidad equivale a aconsejar a la gente simplemente comer menos y moverse más, inclinando así la balanza del equilibro de las calorías y dando como resultado la pérdida constante del peso acumulado, según la regla - ampliamente conocida, pero errónea - de 3500 kcal por libra de grasa. El fracaso en la pérdida de peso implica por lo tanto que un individuo carece de la voluntad necesaria para mantener un cambio en el estilo de vida durante un período de tiempo suficiente.

Sin embargo, esta visión ingenua es incorrecta porque considera la ingesta y el gasto de energía como parámetros independientes que se pueden ajustar a voluntad y que posteriormente, permanecen estáticos, sin estar influenciados por señales homeostáticas relacionadas con la pérdida de peso.  Ahora entendemos que el consumo de energía y el gasto son variables interdependientes que se influyen mútuamente y de forma dinámica, junto al peso coporal. Los intentos de alterar el equilibrio energético a través de la dieta o el ejercicio son contrarrestados por adaptaciones fisiológicas que evitan la pérdida de peso.

Esta revisión se centra en nuestra comprensión actual de los componentes del equilibrio energético humano y en los procesos fisiológicos que actúan para evitar la pérdida de peso. Además, abordamos la cuestión de si todas las calorías de la dieta son iguales, en cuanto a los efectos de los carbohidratos, grasas y proteínas en el equilibrio energético, en el peso y en la composición corporal. Finalmente, se comparan tres modelos conceptuales de regulación del equilibrio energético y se examinan las implicaciones para la dinámica del peso corporal humano y del tratamiento de la obesidad.

Componentes del gasto energético

Hay tres componentes del gasto energético diario: el efecto térmico de los alimentos, el gasto en actividad física y el gasto energético en reposo (Figura 1A).




Figura 1A


Efecto térmico de los alimentos

El componente más pequeño del gasto energético diario en los seres humanos es el efecto térmico de los alimentos (también denominado «termogénesis dietética») y se define como el aumento de la tasa metabólica observado durante las horas posteriores a la ingestión de una comida. Se cree que el efecto térmico de los alimentos se debe al costo energético de la digestión, la absorción, el almacenamiento y el destino metabólico de los macronutrientes dietéticos. Aunque los mecanismos precisos que subyacen al efecto térmico de los alimentos no se conocen en su totalidad, existe una clara jerarquía entre los macronutrientes, siendo las proteínas las que producen un mayor incremento en el gasto energético, seguido de los carbohidratos y, en último lugar, de la grasa. En una dieta normal, el efecto térmico de los alimentos se aproxima a aproximadamente el 10% de la ingesta de energía (Figura 1A, color naranja).

Gasto energético en reposo

El gasto energético de reposo (REE) corresponde a la energía gastada cuando no se realiza actividad física y normalmente es la mayor contribución al gasto diario de energía. Contrariamente a la creencia popular, las personas con obesidad generalmente tienen un REE  más alto (Figura 1A). Se sabe desde hace tiempo que la masa magra contienen los tejidos metabólicamente más activos y por lo tanto contribuye más al REE que la grasa corporal. La masa magra aumenta con la obesidad, junto con la grasa corporal, lo que resulta en un aumento del REE en comparación con las personas delgadas (Figura 1B). 



Figura 1B

El REE está linealmente relacionado con la masa magra y la grasa corporal en un amplio rango de pesos, de manera que la elevación del REE debido a la obesidad se puede prever en función de cierto peso y composición corporal. Mientras que la masa magra y, en menor medida, la grasa, son buenos predictores del REE, estas variables explican sólo alrededor del 70% de su variabilidad interindividual, de tal manera que para una composición corporal dada la desviación estándar residual del REE es de aproximadamente 300 kcal por día. Dado que los órganos que contribuyen a la masa magra tienen una amplia gama de tasas metabólicas, parte de la variabilidad residual de los REE después de tener en cuenta la grasa corporal y la masa sin grasa puede ser debida a las variaciones en las masas de los órganos. Se han utilizado metodologías de resonancia magnética para cuantificar el tamaño de los órganos y las ecuaciones de predicción del REE que suman las tasas metabólicas individuales de diversos órganos explican aproximadamente el 80% de la variabilidad.

Otro contribuyente potencialmente importante al REE está relacionado con los flujos de varias vías metabólicas que requieren energía. Los principales flujos de macronutrientes como la gluconeogénesis, la lipogénesis de novo, la síntesis de triglicéridos y la renovación de proteínas requieren energía y estas tasas pueden estar influenciadas significativamente tanto por el contenido energético de la dieta como por su composición.

Gasto por actividad física

El gasto por la actividad física puede subdividirse en dos tipos de actividades, el ejercicio voluntario y las actividades de la vida diaria (...). La energía gastada en la actividad física está determinada por su duración e intensidad en proporción al peso corporal total. Por lo tanto, a pesar de ser normalmente menos activos físicamente, las personas con obesidad a menudo tienen costos energéticos diarios para la actividad física similares a quienes no sufren obesidad (Figura 1A) y el gasto energético de la actividad física disminuye con la pérdida de peso a menos que su cantidad o intensidad aumente.


Influencia del ejercicio sobre el gasto energético y el peso corporal

Aunque a menudo se considera una opción de tratamiento prioritaria para la obesidad, para dar lugar a una modesta pérdida de peso son necesarias grandes cantidades de ejercicio. Sin embargo, el ejercicio da lugar a una reducción del peso preferentemente por pérdida de por grasa corporal manteniendo la masa magra - algo que no siempre ocurre con la dieta - aunque no parece prevenir la desaceleración de la tasa metabólica durante el adelgazamiento. Las intervenciones con ejercicio normalmente resultan con menos pérdida de peso de lo esperado según las calorías gastadas y los cambios de peso individuales son muy variables incluso cuando se supervisa el ejercicio para asegurar la adhesión. Una explicación probable de estos resultados es que la energía gastada durante el ejercicio se compensa de forma variable por cambios en la ingesta de alimentos y otros comportamientos.

El recientemente propuesto "modelo de gasto energético restringido" proporciona una explicación alternativa de por qué las intervenciones de ejercicio a menudo dan como resultado una pérdida de peso mínima. De acuerdo con este modelo, se prevé que el gasto energético en actividad física se compensará con la disminución del gasto en actividades no físicas (es decir, el efecto térmico de los alimentos o el REE), lo que se traducirá en un desequilibrio energético mínimo. La base experimental del modelo de gasto energético restringido en seres humanos incluye datos transversales que demuestran que el gasto energético diario ajustado para la composición corporal es relativamente constante para una amplia gama de niveles de actividad física medidos usando la acelerometría. Además, se ha observado que los aumentos progresivos en la cantidad y la intensidad del ejercicio aeróbico no conducen a aumentos correspondientes en el gasto energético total diario en hombres y mujeres que se alimentan libremente.

Sin embargo, a diferencia de las predicciones del modelo de gasto energético restringido, el entrenamiento físico no conduce a un REE reducido en condiciones de estabilidad de peso y el REE ajustado para la composición corporal no es diferente entre personas con una amplia gama de niveles de actividad física. Además, el ejercicio puede aumentar el efecto térmico de los alimentos. Por lo tanto, cuando la actividad física aumenta a través del ejercicio, los componentes de la actividad no física del gasto energético diario no disminuyen como se predice por el modelo restringido.

Por último, los incrementos en el gasto diario de energía poco después de iniciar un programa de ejercicio pueden ser mayores que el gasto energético previsto. La posterior incapacidad para aumentar el gasto diario a medida que aumenta el volumen y la intensidad del ejercicio puede ser debido a las mejoras de la eficiencia biomecánica que disminuyen el gasto energía

Influencia de la ingesta energética en el gasto energético

Las reducciones en la ingesta energética conducen a una disminución del gasto energético en un grado que a menudo es mayor de lo esperado en función de los cambios en la composición corporal o del efecto térmico de los alimentos. Este fenómeno se denomina "termogénesis adaptativa" o "adaptación metabólica" y puede continuar durante años después de restablecer el equilibrio energético tras adelgazar, aunque sigue habiendo controversia respecto a su persistencia. Los mecanismos de la adaptación metabólica no están claros, pero pueden estar relacionados con la disminución del impulso simpático o una actividad tiroidea problemática, posiblemente como resultado de la disminución de la leptina.

La cuantificación experimental de la adaptación metabólica depende del cálculo de la diferencia residual entre los valores medidos y los valores esperados del gasto energético. Sin embargo, el gasto energético esperado se calcula normalmente basándose en los cambios observados en la grasa corporal y la masa magra e ignora factores como tamaños de los órganos o flujos alterados de vías metabólicas que requieren energía. No está claro si estas consideraciones pueden explicar las adaptaciones observadas en el gasto energético.

La adaptación metabólica puede ser interpretada teleológicamente como la respuesta del cuerpo a un estado de ayuno, disminuyendo el costo energético en un intento de prolongar la vida, dado que las reservas de energía del cuerpo son finitas. En este contexto, es interesante que la intensidad de la adaptación metabólica no se vea atenuada por la cantidad de energía almacenada, de manera que las personas con obesidad, que tienen grandes reservas de energía, experimentan disminuciones en el gasto energético similares en magnitud a las que tienen menos reservas de energía (Figura 1C).


Figura 1C

En contraste con el creciente consenso que respalda la existencia de importantes adaptaciones metabólicas al reducir la alimentación y al perder peso, la respuesta adaptativa a la sobrealimentación y al aumento de peso es menos clara. Aunque algunos investigadores han observado que la sobrealimentación provoca aumentos muy variables en el gasto de la actividad física normal, que pueden ser mayores de lo esperado en base a los cambios de peso observados, otros han encontrado que el aumento del gasto energético asociado con la sobrealimentación es coherente con lo esperado en función del aumento del efecto térmico de los alimentos, el aumento del REE y el gasto por actividad física, de acuerdo al sobrepeso acumulado.

El efecto de los cambios en la ingesta energética sobre el gasto energético y el peso corporal se han incorporado recientemente en modelos matemáticos dinámicos tanto en adultos como en niños para reemplazar el modelo estático de "calorías que entran-calorías que salen", que erróneamente asume la independencia de la ingesta y del gasto energético. Se han utilizado modelos matemáticos para calcular la llamada "brecha energética" requerida para revertir la obesidad, que asciende a ~ 200-250 kcal / d para adultos y niños a nivel de población y se han utilizado para estimar los efectos potenciales de los cambios de políticas contra el sobrepeso y la prevalencia de la obesidad.

Influencia de los macronutrientes en el equilibrio energético y la composición corporal

La energía liberada dentro del cuerpo durante la oxidación de carbohidratos, grasas y proteínas puede relacionarse con la energía derivada de su combustión en un calorímetro, haciendo correcciones para las diferentes restricciones termodinámicas y los productos finales de las reacciones. En otras palabras, cuando los macronutrientes se oxidan en un calorímetro mediante combustión o a través de las intrincadas vías bioquímicas de la fosforilación oxidativa dentro de las células, podría decirse que "una caloría es una caloría". 

Sin embargo, los argumentos termodinámicos por sí solos no implican necesariamente que "una caloría sea una caloría" cuando se trata de los efectos de la composición de la dieta sobre el peso o la composición corporal. Las dietas isocalóricas que difieren en la composición de macronutrientes pueden resultar en un reparto preferencial del almacenamiento de energía hacia la grasa corporal en lugar de hacia las proteínas. Dicho reparto de la energía a largo plazo alterará las proporciones de grasa corporal y masa magra y por lo tanto influirá en el gasto energético. Se sabe que la proteína dietética influye positivamente en la masa magra durante la pérdida y el aumento de peso. Un metanálisis reciente encontró que la proteína dietética dio como resultado una pequeña influencia positiva en el REE al seguir dietas reducidas en calorías y bajas en grasas de ~ 150 kcal / día. La sobrealimentación con dietas ricas en proteínas o el seguir dietas de mantenimiento de pérdida de peso de este tipo también condujo a pequeños aumentos en el REE y a aumentos en el gasto diario de energía.

Mientras que las dietas altas en proteínas parecen ofrecer ventajas con respecto al gasto energético y a la composición corporal, hay debate respecto a los efectos relativos de los carbohidratos y la grasa en la dieta. De acuerdo con el popular modelo "carbohidratos/insulina" de la obesidad, las dietas ricas en carbohidratos serían particularmente engordantes debido a su propensión a elevar la secreción de insulina, promoviendo el almacenamiento de la grasa en el tejido adiposo y dificultando su oxidación por parte de los tejidos metabólicamente activos, conduciendo a una disminución adaptativa en la tasa metabólica. En contraste, dado que la grasa dietética no estimula la secreción de insulina, las dietas más bajas en carbohidratos pero más altas en grasa reducirían la secreción de insulina promoviendo así la pérdida de grasa del tejido adiposo haciendo que los ácidos grasos libres estén disponibles para su uso por los tejidos metabólicamente activos. La mayor disponibilidad de combustible conduciría teóricamente a un aumento de la tasa metabólica, aportando una "ventaja metabólica" neta en las dietas muy bajas en carbohidratos que supondría unas 400-600 kcal / día de gasto energético adicional.

Tales aumentos en el gasto diario de energía podrían explicar por qué las dietas bajas en carbohidratos sin restricciones en calorías suelen dar lugar a una mayor pérdida de peso a corto plazo en comparación con las que reducen la energía y las bajas en grasa. De hecho, la dieta original de Atkins que restringía los carbohidratos dietéticos, pero no las calorías, prometía a sus seguidores un "método alto en calorías para adelgazar para siempre" como resultado del aumento del gasto energético. Desafortunadamente, la evidencia experimental no apoya tal ventaja metabólica

Hemos realizado una revisión sistemática y un meta-análisis de los efectos sobre el gasto energético diario y la grasa corporal de las dietas isocalóricas que difieren en su fracción de carbohidratos y grasa, pero con igual cantidad de proteínas. Para minimizar los errores por la no adherencia dietética, incluimos sólo los estudios de alimentación controlados en los que se proporcionó la comida a los sujetos. Se encontraron 32 estudios con 563 sujetos que coincidieron con nuestros criterios de inclusión, con un % de carbohidratos dietéticos entre el 1-83% y un % de grasa entre 4-84% de las calorías totales.

La Figura 2A muestra las diferencias en el gasto energético entre dietas isocalóricas con proteínas iguales pero que difieren en la relación de carbohidratos/grasas. La diferencia en el gasto de energía fue de 26 kcal / día, y  mayor para las dietas bajas en grasa. La figura 2B muestra una diferencia en el efecto de la grasa corporal entre ambos tipos de dieta de 16 g / d, con una mayor pérdida para las dietas bajas grasa. Estos resultados están en la dirección opuesta a las predicciones del modelo de carbohidratos/insulina, pero los tamaños del efecto son tan pequeños que no son fisiológicamente
significativos. En otras palabras, para todos los propósitos prácticos "una caloría es una caloría" cuando se trata de grasa corporal y de las diferencias de gasto de energía entre dietas isocalóricas controladas que varían en la proporción de carbohidratos/grasa.





Figura 2A



Figura 2B



Sin embargo, es posible que las dietas isocalóricas que difieran en carbohidratos y grasas puedan tener efectos globales en la salud no relacionados con la grasa corporal total o con el gasto energético. Por ejemplo, los carbohidratos dietéticos pueden desempeñar un papel importante en la determinación de la ubicación anatómica de las reservas de grasa corporal y tal vez más carbohidratos refinados puedan conducir a un aumento de la grasa visceral y del hígado.

La composición de la dieta también puede influir en la ingesta de energía cuando no se controlan las cantidades. Por ejemplo, el aumento de grasa en la dieta da lugar a una mayor ingesta de energía y una reducción de grasa consigue el efecto contrario. Sin embargo, las dietas muy bajas en carbohidratos y grasas pueden reducir el apetito al promover un aumento de cetonas, aunque los mecanismos de este efecto no están claros. Además, las dietas bajas en carbohidratos a menudo aumentan la ingesta proteica, que independientemente puede aumentar la saciedad y disminuir la ingesta energética total. Estos efectos pueden ayudar a explicar los beneficios a corto plazo para la pérdida de peso de dietas bajas en carbohidratos y altas en proteínas.

Sin embargo, los estudios de pérdida de peso a largo plazo con diferentes macronutrientes muestran trayectorias semejantes de peso corporal, que se corresponde con un deterioro de la adherencia similar en todas las dietas. Las razones de la erosión a largo plazo de la adherencia a la dieta no se conocen bien. Los posibles factores incluyen la dificultad práctica de mantener cambios en la dieta ante hábitos alimenticios arraigados desarrollados durante toda una vida en un ambiente obesogénico, así como la probabilidad de que el control de retroalimentación de la ingesta energética de lugar a un apetito cada vez mayor a medida que se pierde peso.

Control de retroalimentación de la ingesta de energía

Si bien existe un creciente consenso de que el gasto energético humano se controla activamente para luchar contra la pérdida de peso, la evidencia del control activo de la ingesta de energía es menos clara. Las observaciones a largo plazo del equilibrio calórico y de la estabilidad del peso dan soporte al control de la retroalimentación de la ingesta energética, pero estas observaciones también tienen explicaciones alternativas basadas únicamente en las adaptaciones del gasto energético y en un modelo de "settling point" de la regulación del peso corporal.

Sin embargo, los mecanismos moleculares de la regulación del apetito sugieren que el control de retroalimentación de la ingesta energética actúa como parte de un complejo sistema neurobiológico que integra influencias sociales y ambientales con señales homeostáticas relacionadas con el peso corporal, como la leptina, para controlar el comportamiento alimentario a corto plazo y el consumo de energía a largo plazo.

Conseguir una ingesta energética controlada en seres humanos es un desafío en condiciones de laboratorio y extremadamente difícil en condiciones de vida libre. Las mediciones precisas de la ingesta energética en el laboratorio han demostrado que las manipulaciones de la dieta pueden conducir a cambios compensatorios a corto plazo en la ingesta energética y se ha observado una alimentación excesiva tras un estado experimental de semi-inanición y subalimentación a corto plazo, posiblemente como resultado de señales homeostáticas debidas a la pérdida de grasa corporal y tejido magro. Sin embargo, estos resultados no pueden ser fácilmente extrapolados a periodos de tiempo largos asociados con la regulación del equilibrio energético humano en el mundo real. De hecho, la ingesta de energía en condiciones de vida normal fluctúa ampliamente de un día a otro y muestra poca correlación a corto plazo con el gasto de energía o con el peso corporal.

Por lo tanto, investigar el control de la ingesta de energía requiere la obtención de mediciones precisas de la ingesta de alimentos en personas en su vida normal a lo largo de periodos de tiempo amplios, lo cual es un reto importante. Además, la medición de la intensidad del circuito de retroalimentación de la ingesta de energía requiere perturbar de forma encubierta el gasto de energía durante periodos de tiempo prolongados y medir los cambios resultantes en la ingesta de energía. Estas dificultades se han abordado recientemente y por primera vez en humanos se ha cuantificado la intensidad del circuito de control de retroalimentación de la ingesta de energía a largo plazo.

Mediante un método matemático validado utilizando mediciones repetidas del peso corporal, se calcularon los cambios a largo plazo en la ingesta de energía en pacientes con diabetes tipo 2 tratados durante un año con un inhibidor del transportador renal de sodio de glucosa, que producía un aumento sustancial en la cantidad de glucosa excretada en la orina. La pérdida de calorías a través de la glucosa se produjo sin que los sujetos fueran conscientes y dio lugar a una pérdida gradual de peso. Se encontró que los sujetos progresivamente aumentaron la ingesta media de energía en ~ 100 kcal / día por kilogramo de peso perdido - un efecto más de tres veces mayor que el correspondiente a la adaptación del gasto energético por la pérdida de peso.

Modelos estáticos, set-point y settling-point para la regulación del peso

El control de retroalimentación a largo plazo de la ingesta y el gasto de energía tiene profundas implicaciones para la regulación del peso corporal y la comprensión del tratamiento de la obesidad. Sin estos mecanismos de control de retroalimentación, la dinámica del peso corporal sería la del modelo estático de "calorías que entran-calorías que salen", donde la ingesta de energía y el gasto son variables independientes y el cambio del peso o las señales homeostáticas relacionadas, como las de la leptina, tendrían efectos insignificantes sobre la ingesta o el gasto de energía.

La figura 3A ilustra la dinámica del peso corporal según un modelo estático que simula un hombre de 90 kg que come y gasta 3200 kcal / d durante un año, seguido de un segundo año de reducción de 300 kcal en su dieta diaria y un tercer año final consumiendo de nuevo 3200 kcal / d. Las líneas horizontales representadas en el panel superior de la figura 3A indican que la ingesta de energía (azul) y el gasto (roja) no tienen relación con el peso, y las líneas se solapan cuando hay equilibrio energético. Cuando el consumo se reduce (línea discontinua, gráfico de la izquierda), el desequilibrio energético es determinado por la distancia a la línea de gasto energético y es igual en todos los pesos. El desequilibrio constante de energía (gráfico central) resulta en una tasa constante de pérdida de peso (panel inferior) hasta que se retoma la dieta original de 3200 kcal / d, en la que se restablece el equilibrio energético, con un peso corporal reducido y estable para el último año.




Figura 3A

Debido a que el gasto se considera erróneamente constante, el modelo estático proporciona predicciones poco realistas para la pérdida de peso esperada. Además, el modelo estático ignora las dificultades de mantener el peso perdido ya que supone que una ingesta de energía igual a la inicial permite el mantenimiento del peso perdido. A pesar de tales errores obvios, el modelo estático continúa siendo utilizado tanto en individuos como en poblaciones para predecir los cambios de peso.

La Figura 3B ilustra el efecto de retroalimentación negativa del aumento del gasto energético con el peso corporal (con una pendiente de aproximadamente 20-30 kcal / d por kg, como se representa en el panel superior) correspondiente a un modelo de "settling-point". El peso corporal estable se determina por la intersección entre la línea de gasto energético creciente (roja) y la línea de ingesta de energía horizontal (azul), que se supone que es independiente del peso. Cuando se reducen 300 kcal / d de la dieta, correspondiente a un desplazamiento de la línea de la ingesta energética hacia abajo (línea discontinua, gráfico de la izquierda), el desequilibrio de energía disminuye (gráfico central) junto con el peso (gráfico de la derecha) de forma exponencial y tarda años en equilibrarse con un peso más bajo estable. Cuando la línea de ingesta de energía vuelve al valor original, la recuperación de peso se produce con un curso de tiempo exponencial, de forma similar a la fase de pérdida de peso (gráfico de la derecha).



Figura 3B

Por último, la figura 3C ilustra el modelo de "set-point", que incluye el control de retroalimentación tanto de la ingesta de energía como del gasto, con un gasto de energía que es función decreciente del peso (con una pendiente de aproximadamente -100 kcal / d por kg, como se muestra en el gráfico de la izquierda). Una intervención que cambia la línea ingesta de energía hacia abajo en 300 kcal / d (línea punteada, gráfico de la izquierda) resulta ahora en una disminución transitoria en el gasto de energía que posteriormente aumenta de forma exponencial debido al aumento del apetito a medida que disminuye el peso, junto con una disminución paralela del gasto de energía (gráfico central).




Figura 3C

El periodo de tiempo para llegar al equilibro tras adelgazar (gráfico de la derecha) se acortará en gran medida en comparación con el modelo de settling-point, dando como resultado una meseta de pérdida de peso tras aproximadamente 6 meses, sin pérdida de peso adicional a pesar de continuar con la intervención. Esto explica la meseta típica del peso después de esos 6 meses de comenzar una intervención. Tras interrumpir dicha intervención, la ingesta de energía aumenta transitoriamente por encima de la línea de base, de forma similar a lo observado después de períodos de restricción de calorías, y se recupera rápidamente el peso. 

Además del control de la retroalimentación a largo plazo de la ingesta energética, mediada por señales homeostáticas relacionadas con el peso y composición corporal, el comportamiento alimentario también está fuertemente influenciado por factores sociales y ambientales, junto con hábitos alimentarios aprendidos. Mientras que las concepciones anteriores basadas en el modelo set-point se pensaba que eran incompatibles con las influencias no homeostáticas sobre la ingesta de alimentos y el peso corporal, tales efectos pueden incorporarse con naturalidad al alterar la posición o la pendiente de la línea del consumo de energía representada en la figura 3A y el peso corporal defendido se ajustará en consecuencia.

Desafortunadamente, todavía no conocemos los efectos cuantitativos de las influencias no homeostáticas en el modelo set-point, pero es probable que exista un amplio grado de variación individual. Algunas personas pueden experimentar cambios sustanciales en la ingesta de energía, junto con cambios de peso grandes, mientras que otros serán más estables. La reingeniería de los entornos sociales y alimentarios puede facilitar los cambios en la línea de consumo de energía, pero perder peso y mantenerlo usando solamente la fuerza de voluntad para reducir la ingesta de energía es difícil porque es necesario un esfuerzo considerable para poder resistir continuamente las adaptaciones fisiológicas que ocurren y que aumentan el apetito y reducen el gasto energético."

¿Qué les parece? Creo que el texto resume bastante bien cómo ha evolucionado el antiguo y simple modelo "calorías que entran-calorías que salen", que a pesar de todo, como bien dicen los autores, se sigue utilizando de forma masiva.

De cualquier forma, insisto en que este trabajo se centra en el punto de vista más calórico y termodinámico del sobrepeso. En mi opinión, para explicar y entender la obesidad hay otras perspectivas muy importantes, tales como la neuroendocrina o el contexto social, por las que Hall pasa de puntillas. Respecto a la composición de la dieta, tampoco va más allá de los macronutrientes; por ejemplo, no se entra en los posibles efectos de diferentes tipos de grasas o carbohidratos, químicamente bastante dispares y posiblemente metabólica y fisiológicamente también.

Y como siempre, si desean profundizar en cada una de sus ideas, les recomiendo leer el artículo completo, ya que incluye casi un centenar de referencias.

13 feb. 2017

¿Cómo afecta el sueño al peso corporal?



Desde hace mucho tiempo los expertos saben que el exceso de peso está asociado al sueño.  Por un lado, la evidencia de que las patologías en este ámbito suelen ser más frecuentes entre personas que sufren de obesidad es bastante sólida, ya que el sobrepeso dificulta disfrutar de un descanso adecuado. Los siguientes metaanálisis de estudios observacionales identifican esta relación:

5 feb. 2017

Horario, frecuencia de las comidas y salud cardiovascular, revisión de la AHA

La semana pasada la American Heart Association publicó su nueva revisión sobre el horario y frecuencia de las comidas y su relación con la prevención de la enfermedad cardiovascular, titulado Meal Timing and Frequency: Implications for Cardiovascular Disease Prevention: A Scientific Statement From the American Heart Association" (2017). Un documento de varias decenas de páginas y centenares de referencias, en el que un equipo de expertos analiza la evidencia observacional y de ensayos de intervención sobre estos temas.

A continuación les incluyo lo que me parece más interesante, una traducción de las conclusiones finales para cada una de las cuestiones analizadas:

3 feb. 2017

Sobre la fuerza de voluntad, la opinión de un experto


Aquellos que hayan leído El Cerebro Obeso o La guerra contra el sobrepeso saben que soy bastante crítico con la utilización del concepto de fuerza de voluntad en el ámbito de la salud, entre otros. En ambos libros lo argumento con detalle (en este post también hablo un poco de ello) y explico por qué pienso que no hay evidencias de su utilidad a la hora de luchar contra problemas sanitarios o sociales, como la obesidad. A pesar de todo, como se ha vuelto a confirmar recientemente en los informes de la American Society for Metabolic and Bariatric Surgery y NORC, la mayor parte de la gente piensa que la principal causa del sobrepeso es la falta de fuerza de voluntad.

Por eso me ha gustado el artículo publicado ayer mismo "Against willpower - Willpower is a dangerous, old idea that needs to be scrapped". Fue bastante motivador poder leer un texto de un investigador y profesor de psiquiatría clínica de la Universidad de Columbia, Carl Erik Fisher, exponiendo prácticamente las mismas ideas que hace tiempo rondan en mi cabeza (aunque más acertada y brillantemente, por supuesto)

Sin más, espero que disfruten del texto como yo lo he hecho (traducción libre):

24 ene. 2017

Comida procesada, un experimento que ha fracasado, de Robert H. Lustig

Robert H. Lustig es un pediatra endocrinólogo, profesor de la Universidad de California, sobre todo conocido por su controvertido vídeo en el que sugiere que el azúcar es tóxico. Es especialista en el tratamiento de la obesidad infantil y como investigador en este área ha publicado numerosos artículos y estudios y varios libros, uno de ellos (The Fat Chance) brevemente reseñado hace un tiempo en este mismo blog.

Pues bien, ayer publicó el siguiente artículo en la revista JAMA Pediatrics, titulado "Processed food, an experiment that failed", que me ha parecido interesante.

Aquí tienen una traducción libre:

17 ene. 2017

Deporte escolar y basura alimentaria

A veces nuestra incoherencia en temas de alimentación llega a tales extremos que resulta simplemente absurda. Y, lamentablemente, ocurre con frecuencia incluso con nuestros seres más queridos, nuestros hijos.

Les voy a poner un ejemplo: Mis hijas participan en actividades de deporte escolar, algo que es motivo de satisfacción para cualquier padre porque contribuye a su bienestar y salud. Pero al finalizar las competiciones (carreras de cross), estos son los "regalos" que ha ido recibiendo una de ellas (de 11-12 años de edad) durante algo más de un año por parte de la organización:

Bolsas a tutiplén:



10 ene. 2017

¿Qué alimentos se consideran procesados y ultraprocesados?



Aquellos que hayan leído "La guerra contra el sobrepeso" saben que los llamados "alimentos procesados" son los protagonistas del libro, ya que durante los últimos años se han ido posicionando cada vez con más estabilidad en el punto de mira de las autoridades sanitarias. Aunque la industria alimentaria lleva décadas poniendo otros señuelos e intentando despistarnos con ideas y mensajes confusos (algo que también muestro y explico en La guerra contra el sobrepeso), cada vez hay un mayor convencimiento respecto a la responsabilidad de este tipo de alimentos en la epidemia de obesidad mundial. Que, a pesar de todo, progresivamente van dominando la dieta de los países desarrollados, como se concluyó en el estudio "Ultra-processed products are becoming dominant in the global food system" (2013)

30 dic. 2016

¿En qué época del año se engorda más?

Todos los años nos pasa igual: los excesos de estas fechas agitan nuestra conciencia y nos preguntamos si los pagaremos durante el resto del año, acumulando kilos de forma especial. ¿Realmente su efecto es especialmente significativo?

Si hacemos una búsqueda rápida por las bases de datos habituales es fácil comprobar que hay bastantes investigaciones sobre el tema desde hace tiempo, centradas especialmente en el posible efecto de las vacaciones sobre el peso corporal. Aquí tienen algunas de las más recientes:

23 dic. 2016

Microbiota, microbioma y obesidad



Se acaba de publicar en la revista JAMA un interesante editorial sobre la microbiota, el microbioma y la obesidad, titulado "The Microbiome and Risk for Obesity and Diabetes" (2016) escrito por el investigador de Harvard Anthony L. Komaroff. Creo que a pesar de ser un texto breve y sencillo, es una buena introducción sobre el tema, así que me he decidido a traerles al blog una traducción.

Aquí la tienen:

13 dic. 2016

Los alimentos funcionales o fortificados pueden ser contraproducentes

Los alimentos funcionales, aquellos a los que se les ha agregado algún compuesto que teóricamente aporta algún posible beneficio añadido para la salud, invaden los supermercados. Pero, como explico en "La Guerra Contra el Sobrepeso", la verdad es que  sobre todo son un buen negocio, sostenido sobre un castillo de naipes de promesas sin demostrar. Como también cuento en el libro, la normativa actual sobre este tipo de productos es un coladero que permite a las empresas alimentarias poner en el mercado productos caros, muy rentables y acompañados de afirmaciones de efectos sobre la salud más que discutibles. Si prefieren leer la situación de forma resumida, pueden recurrir a un artículo del bioquímico José Manuel López Nicolás que la describe bastante bien, "El reglamento europeo que ha acabado con la investigación, el desarrollo y la innovación en la industria alimentaria".

Pero, por otro lado, además de beneficiarse de una normativa permisiva y de no haber demostrado con rigor beneficios reales para la salud, los alimentos funcionales son el origen de otro problema. En La Guerra Contra el Sobrepeso lo resumo con el siguiente párrafo:

"...No solo se trata de confundir al consumidor con maravillas que podrían deducirse de las declaraciones exageradamente utilizadas ni de los desproporcionados precios que se suelen pagar respecto al valor añadido aportado. Cuando las personas empiezan a tomar suplementos o componentes añadidos que supuestamente mejoran la salud, de forma inconsciente interiorizan que su ámbito de influencia es mucho mayor, casi parecido a un medicamento. Y que sus propiedades van más allá de las que se le podrían atribuir por el componente activo. Esta sobrevaloración finalmente desemboca en una falsa sensación de protección, también llamada “efecto halo”, que hace que se genere un exceso de confianza y se descuide el resto de hábitos, incluido el resto de la dieta."

Para que entiendan mejor la importancia de esta situación, he decidido escribir un post sobre el tema comentando un estudio publicado hace tan solo unos días, ya que creo que lo ilustra bastante bien. El trabajo se trata de "Vitamin-Fortified Snack Food May Lead Consumers to Make Poor Dietary Decisions" (2016) y ha sido dado a conocer en la revista de los dietistas norteamericanos, The Journal of the Academy of Nutrition and Dietetics.

5 dic. 2016

¿Existe la sensibilidad al gluten? Recopilación de ensayos y resultados

Me lo hayan preguntado en bastantes ocasiones: ¿No tienes ningún post sobre el gluten? Pues no, la verdad. Excepto una crítica a un alarmista libro sobre el trigo, es un tema que estaba pendiente. Todo el mundo habla del gluten y un servidor está a otras cosas... imperdonable, ¿no creen?

Así que vamos a por el primero.

En primer lugar quiero dejar claro voy a hablar únicamente de la llamada "sensibilidad al gluten no celíaca", pero no de la celiaquía (que es la intolerancia a las proteínas del gluten, sobre la que pueden leer en esta entrada de la Wikipedia). Como la mayoría ya sabe, no son lo mismo, porque mientras que para la primera todavía no existe un método de diagnóstico formal ni mecanismos identificados y comprobados para explicar sus causas, la segunda está reconocida y caracterizada.

Por otro lado, como indico en el título del post, me voy a centrar en una perspectiva muy concreta: los ensayos más rigurosos (aleatorios, con grupo de control y doble ciego), sobre los supuestos síntomas negativos que puede provocar el gluten en personas no celíacas, ya que son una buena forma de saber hasta qué punto existe dicha sensibilidad al gluten.

23 nov. 2016

Sustitutos vegetales de la leche, características nutricionales principales

Permítanme avisarles de la publicación de un estudio sobre bebidas vegetales o sustitutos vegetales de la leche - también (mal) llamadas leches vegetales - en el que se recopilan las características principales de una amplia lista de productos comerciales de este tipo: almendra, arroz, coco, avellana, avena, soja...

El trabajo se titula "Evaluation of Physicochemical and Glycaemic Properties of Commercial Plant-Based Milk Substitutes" (2016) e incluye unas interesantes tablas con gran cantidad de información. He unido, traducido y resumido un par de ellas con la información nutricional fundamental, que pueden ver a continuación:

14 nov. 2016

¿Afectan los edulcorantes a las hormonas?



Desde casi su creación, los edulcorantes han dado mucho que hablar y han sido sido objeto de críticas y comentarios, algunos debidamente justificados y otros mucho menos racionales, más cercanos al alarmismo y con frecuencia con intereses espurios detrás. Olvidando las posturas más extremas, tampoco es extraño que despierten interés entre consumidores y científicos, dado que tanto su diversidad como su consumo crecen de forma sostenida, a la par que la obesidad. Y la responsabilidad del exceso de azúcar en el sobrepeso cada vez genera menos dudas, así que la posibilidad de sustituirla es comprensiblemente atractiva.

Como contaba en post anteriores, los resultados de estudios epidemiológicos y de ensayos de intervención respecto a la relación de los edulcorantes con el peso corporal es bastante confusa, ya que mientras algunos estudios muestran que pueden tener cierta utilidad a corto-medio plazo, otros indican que no parecen que a largo plazo sean una herramienta significativamente útil. Además, hay todavía bastantes cosas que aclarar sobre sus posibles efectos fisiológicos y neuroendocrinológicos, más allá del mero ahorro energético que supone su ingesta respecto a las opciones endulzantes más calóricas.

Centrándonos en el tema de las hormonas, ya que éstas juegan un papel muy relevante en la gestión de la energía y en la regulación del apetito, es lógico pensar que también conviene estudiar si la ingesta de edulcorantes puede dar lugar a una respuesta de la mismas diferente o alterada, provocando cierto tipo de "desajuste" en el sistema y dando lugar a efectos poco deseables. Lo cierto es que hasta la fecha la investigación en este sentido era más bien escasa, pero durante los últimos meses se han publicado un par de revisiones que han analizado esta perspectiva, considerando tanto los resultados de estudios observacionales como los de los ensayos de intervención. Son las siguientes:

3 nov. 2016

¿Funciona la liposucción?

Es probable que muchas personas que tienen sobrepeso, especialmente aquellas a las que se les acumula la grasa de forma muy desproporcionada en algunas zonas, hayan pensado alguna vez en la posibilidad de hacerse una liposucción. Aunque el hecho de someterse a una intervención siempre da bastante respeto, la posibilidad de librarse de esa molesta y antiestética grasa es tentadora. Además, en ocasiones hemos escuchado que el exceso de grasa modifica el metabolismo, provocando un desequilibrio hormonal y generando una especie de círculo vicioso, que hace que esta situación empeore progresivamente. Así que ¿por qué no eliminar ese exceso mediante una operación rápida y relativamente sencilla? ¿No sería como una segunda oportunidad, que nos permitiría dejar nuestro cuerpo con un porcentaje de grasa más razonable y así podríamos luchar por mantenerlo (que siempre es bastante menos costoso que  mejorarlo radicalmente)?

Bien, antes de tomar decisiones de este tipo hay que escuchar lo que nos digan nuestro médico de familia y el especialista. Y también lo que dicen los estudios sobre la utilidad de la extracción y eliminación de grasa, especialmente desde la perspectiva del largo plazo y la relación con la salud. Así que vamos a ello.

28 oct. 2016

Más ideas para que nuestros hijos coman mejor

Como continuación al post anterior, en el que se daban unas directrices generales sobre lo que podemos hacer para que nuestros hijos coman alimentos saludables, voy a responder a unas cuantas cuestiones que pueden haber surgido tras su lectura, con el propósito de que puedan servir de inspiración para nuevas ideas y trucos orientados a conseguir una mejor alimentación infantil. Acompañadas de sus correspondientes estudios, como siempre.

Vamos allá: